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Cómo viajar sin alcohol — guía práctica

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Viajar y beber están entrelazados en muchas rutinas: la copa en la sala del aeropuerto, el vino en la cena de una ciudad nueva, el minibar del hotel como opción por defecto al caer la noche. Nada de esto tiene realmente que ver con el destino: es un hábito que se encuentra con tiempo sin estructurar. Viajar sin alcohol consiste sobre todo en detectar dónde solía el alcohol llenar los huecos de un viaje, y tener algo listo para esos mismos momentos.

Planificar los momentos intermedios, no solo los puntos fuertes

Planificar un viaje suele centrarse en vuelos, hoteles y actividades, y deja completamente abiertos los tramos tranquilos: escalas, la hora antes de cenar, una noche con jet lag en la habitación. Esos huecos sin estructurar son justo donde una copa por defecto tiende a colarse. Tener aunque sea una idea vaga de qué llenará ese hueco (un pódcast, un paseo, un mensaje a alguien de casa) elimina buena parte de la fatiga de decisión que lleva al "bueno, me tomo solo una".

Gestionar específicamente el aeropuerto y el vuelo

Los aeropuertos concentran muchas señales de consumo: salas VIP, estrés por retrasos, esa sensación de estar "fuera de horario". Un plan concreto para este tramo —un libro descargado de antemano, auriculares con cancelación de ruido, un paseo por la terminal en vez de un sitio en la barra— quita la improvisación del momento más propenso a pillar desprevenido al principio de un viaje.

Afrontar la habitación de hotel con honestidad

Un minibar lleno o una botella de bienvenida puede convertir una habitación de hotel en un entorno de consumo fácil. No hay ningún problema en pedir simplemente en recepción que retiren el alcohol de la habitación, o en guardar bebidas sin alcohol en la nevera para que el gesto automático de coger algo frío recaiga en algo que no supone un problema.

Investigar también el lado sin alcohol del destino

La mayoría de las ciudades tienen hoy una verdadera escena social sin alcohol —cafeterías de especialidad, salones de té, bares sin alcohol, mercados nocturnos—, solo que aparece menos en las guías de viaje habituales. Dedicar diez minutos a localizar dos o tres antes de un viaje hace que las noches tengan un plan real, no solo la ausencia del anterior.

Preparar una respuesta para la presión social

Viajar, sobre todo acompañado, suele traer una presión más directa a beber que el día a día: un brindis, un comentario de "estamos de vacaciones", un anfitrión que sirve antes de que se pueda declinar. Una respuesta breve y preparada —"en este viaje no bebo"— dicha pronto y sin muchas explicaciones, suele cerrar el tema más rápido que una justificación elaborada.

Viajar sin alcohol casi nunca significa un viaje más pequeño. Suele significar recordar más de él, dormir mejor pese al cambio de horario, y volver a casa sin ese segundo viaje, más silencioso, de recuperarse del primero.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud, orientación sobre alcohol y salud en los viajes; Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, EE. UU.), recursos de salud para viajeros; Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), consejos sobre viajes y vacaciones sin alcohol.

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