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Tabaco, ansiedad y depresión — romper el círculo

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«No puedo dejarlo, fumar es lo único que me calma» es una de las frases más comunes antes de intentar dejar de fumar, y una de las más comprensibles, porque en el momento es cierta. El problema está entre cigarrillo y cigarrillo, no durante. Entender ese círculo suele ser lo que hace que dejarlo parezca posible en lugar de aterrador.

Por qué fumar parece ayudar

Un cigarrillo sí produce un breve alivio: la nicotina llega al cerebro en segundos y aumenta brevemente la dopamina mientras reduce la tensión. Pero ese alivio es, sobre todo, el cigarrillo resolviendo un estado de abstinencia creado por el anterior, no una calma genuina desde un estado neutro. Los fumadores habituales pasan buena parte del día en un leve síndrome de abstinencia entre cigarrillos —cierta inquietud, irritabilidad, dificultad para concentrarse— y cada nuevo cigarrillo simplemente los devuelve a su punto de partida. Se siente como un alivio del estrés. En realidad es, sobre todo, estrés que el propio tabaco provoca.

El círculo vicioso con la ansiedad y la depresión

Las personas con ansiedad o depresión fuman en proporciones notablemente más altas que la población general, y es tentador interpretar esto como que el tabaco es un mecanismo de afrontamiento que necesitan. La relación es más compleja: la abstinencia de nicotina produce síntomas parecidos a la ansiedad, altera el sueño y baja el ánimo, lo que luego se interpreta como un empeoramiento del trastorno de base, lo que aumenta las ganas de fumar para «aliviarse» — un círculo que se retroalimenta. Con los meses y los años, este ciclo tiende a empeorar la ansiedad y los síntomas depresivos de fondo en lugar de mejorarlos, aunque cada cigarrillo aislado parezca ayudar.

Lo que dejar de fumar hace por la salud mental

Esta es la parte que más sorprende: varios estudios amplios y metaanálisis que siguieron a fumadores tras dejarlo encontraron que el estado de ánimo, los niveles de ansiedad y la calidad de vida psicológica general mejoraban de media tras dejar de fumar, en comparación con quienes seguían fumando — una mejora comparable, en algunas comparaciones, a la que produce un tratamiento antidepresivo. No es instantáneo. Las primeras dos a cuatro semanas de abstinencia pueden empeorar de verdad, temporalmente, el ánimo y la ansiedad, justo la ventana en la que muchas personas abandonan, convencidas de que dejarlo fue un error. Pasada esa ventana, la mayoría dice sentirse más tranquila y estable que como fumadora habitual.

Si sigues un tratamiento para la ansiedad o la depresión

Dejar de fumar puede cambiar cómo se metabolizan algunos medicamentos psiquiátricos, porque el tabaco afecta a enzimas hepáticas implicadas en el metabolismo de ciertos fármacos. Esto no es motivo para evitar dejarlo —es motivo para avisar a tu médico o psiquiatra de que planeas hacerlo, para que pueda vigilar si hace falta ajustar alguna dosis. No modifiques por tu cuenta un tratamiento psiquiátrico en torno a un intento de dejar de fumar; habla con quien te lo receta.

Cómo superar las primeras semanas difíciles

Fuentes: revisión Cochrane, «Smoking cessation and mental health»; The BMJ, metaanálisis sobre dejar de fumar y estado de ánimo/ansiedad; OMS, fichas sobre tabaco y salud mental.

Las fuentes precisas y la revisión clínica están pendientes. Considera las afirmaciones de salud como no revisadas y consulta a un profesional cualificado para orientación personal.

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