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Cuando una persona de la pareja ve porno y la otra no

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No todos los desacuerdos sobre el porno tienen que ver con el secreto o el uso compulsivo. A veces es más simple y, sin embargo, más difícil de resolver: una persona ve porno de vez en cuando y no le ve nada malo, y la otra encuentra la idea realmente incómoda, por razones que vienen de su educación, una experiencia pasada, sus valores personales, o simplemente cómo lo siente. Ninguna de las dos posturas es objetivamente correcta, y eso es precisamente lo que complica las cosas: no hay ningún hecho que zanje el desacuerdo.

Por qué esto no es un debate de quién tiene razón

Es tentador que cada persona busque pruebas que confirmen su postura: estudios sobre los efectos del porno, argumentos sobre qué es normal, estadísticas sobre su frecuencia. Esa búsqueda casi nunca resuelve nada, porque el desacuerdo normalmente no trata de hechos. Trata de niveles de comodidad y valores distintos, y de cómo quiere cada persona que sea su relación. Tratarlo como un debate que hay que ganar suele atrincherar ambas posturas en lugar de acercarlas a una solución viable.

Lo que realmente se está negociando

Debajo de "¿debería el porno formar parte de esta relación?", las parejas suelen estar negociando en realidad cosas como: ¿se siente como una traición?, ¿afecta a cuánto se siente deseada la otra persona?, ¿es comparable a un hábito "privado" como correr solo en una cinta?, o ¿se parece más a una forma de infidelidad? Estas preguntas de fondo varían enormemente de una pareja a otra, y nombrarlas de forma concreta suele ser más productivo que discutir sobre el porno en abstracto.

El compromiso no significa que una persona simplemente ceda

Las soluciones viables suelen implicar concesiones de ambas partes, no que una persona imponga su postura a la otra. Eso puede significar un límite acordado sobre la frecuencia, un acuerdo para no comparar a la pareja con el contenido visto, transparencia en lugar de secreto, o en algunos casos una decisión mutua de que el porno simplemente no forma parte de la relación, siempre que sea un acuerdo genuino y no un resentimiento callado por alguien que se siente sin voz.

Cuidado con el resentimiento bajo un acuerdo "cerrado"

Incluso un acuerdo claro puede fallar si una persona lo aceptó sobre el papel pero sigue, en el fondo, sin sentirlo resuelto, acumulando resentimiento en silencio mientras aparenta haber aceptado el arreglo. Revisar el acuerdo de vez en cuando, comprobando que sigue funcionando de verdad para ambas personas y no solo se mantiene por inercia, suele evitar que esto se enquiste en un conflicto mayor más adelante.

Cuándo los valores realmente no pueden alinearse

Algunas parejas descubren que sus niveles de comodidad están demasiado alejados como para que ningún compromiso se sienta honesto para cualquiera de los dos. Eso no es automáticamente señal de que la relación deba terminar, pero sí es una incompatibilidad legítima y difícil que conviene explorar con un terapeuta de pareja, en lugar de asumir que una persona simplemente debe cambiar de opinión.

Fuentes: American Association of Sexuality Educators, Counselors and Therapists (AASECT), recursos sobre valores y negociación en pareja; Organización Mundial de la Salud, orientación sobre salud sexual; Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, recursos de apoyo relacional.

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